¿Está amenazado el futuro de la ópera?

El futuro de la ópera
Teatro de Ópera de Sidney
 

Extracto del artículo

Australia es un país que toma en serio la ópera. En las 5 compañías de ópera australianas con mayor subsidio público se programaron 27 títulos. No obstante, sólo 3 podrían considerarse contemporáneos, 2 de los cuales son musicales. Esto responde a una visión simplista que busca una autosustentabilidad económica por sobre el desarrollo del género. No es esto un caso aislado, de hecho, Suby Raman realizó un estudio sobre las 24000 funciones de los últimos 100 años del Metropolitan Opera de New York y concluyó que en las primeras décadas del siglo XX entre el 60% y el 80% de las óperas presentadas tenían menos de 50 años de antigüedad. Desde el año 2000, la cantidad de títulos compuestas en los últimos años representan menos del 10% de la programación del Met. Para pensarlo…

El futuro de la ópera. Todos sabemos Australia ama la ópera. Pero está el futuro de este arte bajo amenaza?

Australia es un país que fácilmente puede decir que toma en serio la ópera. El punto de referencia más inconfundible del país es un teatro de ópera, hay al menos una compañía de ópera importante en cada estado y sus talentos del canto se encuentran entre algunas de sus celebridades y entre sus más buscados recursos culturales de exportación. No obstante, aunque en apariencia la industria de la ópera parece gozar de buena salud, la pregunta se sostiene: es la ópera una forma contemporánea de arte relevante? Un reciente análisis de la programación del Metropolitan Opera de Nueva York durante el último siglo ha revelado algunas alarmantes observaciones acerca de qué óperas son presentadas en relación a cuando han sido compuestas.

El compositor y crítico Suby Raman realizó un minucioso análisis de los archivos públicos del Met sobre las 24000 funciones realizadas por la compañía en los últimos 100 años. La investigación evidenció que la proporción de óperas programadas compuestas dentro de los últimos 50 años fue disminuyendo constantemente desde las primeras décadas del siglo XX (en que consistían entre un 60% y 80%) hasta estar por debajo del 10% desde el cambio de milenio incluyendo varios años completos en que no se registró ni una obra compuesta en el medio siglo anterior.

Esto podría no parecer un gran problema, después de todo, las óperas de Mozart, Donizetti, Bizet, Verdi, Puccini y Wagner (por nombrar sólo algunos ejemplos notables) son obras maestras de esta forma de arte que permanecerán eternamente populares siempre y cuando haya compañías de ópera para realizarlas. Es importante señalar que las observaciones de Raman no están valorando la calidad de las óperas presentadas, sino más bien cómo estas decisiones de programación reflejan el desarrollo de nuevos trabajos operísticos. Como señala Raman, 50 años  representan una enorme franja de tiempo para definir algo como “contemporáneo”. Para usar una analogía en la música pop sería como afirmar Elvis Presley es actual.

La conclusión del estudio que Raman ha hecho sobre los archivos de la Met es que siguen presentando las mismas óperas ahora que hace 100 años. En esencia, el impulso de la ópera como forma de arte está cada vez más estancado.

Si bien estas cifras se refieren a una compañía de ópera estadounidense, plantea algunas preocupaciones válidas en las prioridades de programación de todas las compañías alrededor del mundo. Ninguna compañía de ópera australiana tiene un siglo de existencia, por lo que no existen datos que permitan comparar las mismas tendencias de programación. Sin embargo si se pueden hacer algunas observaciones sobre las decisiones de programación más recientes. Las cinco compañías de ópera australianas más grandes (las que reciben la mayor tajada de subvención pública) ya han anunciado su programación 2015, y de las 27 óperas que se ofrecerán, sólo tres podrían considerarse contemporáneas, dos de las cuales son musicales.

Por supuesto, hay cuestiones claras de oferta y demanda en este trabajo. El Director Artístico de la Ópera de Australia, Lyndon Terracini declaró a principios de este año que si una compañía de ópera optase por escenificar obras contemporáneas en lugar de los títulos más conocidos del repertorio, entonces la compañía “estaría fuera de negocio muy rápidamente”. Las palabras de Terracini dicen: “una compañía de ópera es un negocio y como tal debe ser financieramente solvente”. Es la solución a este enigma un tema sencillamente económico? La Ópera es sin duda una de las actividades menos rentables de la música; los recursos financieros necesarios para poner una ópera en los estándares más altos son muy importantes. El indiscutible plato fuerte de la temporada operística australiana del 2013, la Tetralogía del Anillo en Melbourne, costó la asombrosa cifra de 20 millones dólares australianos para montar. Estas cifras astronómicas se alcanzan de combinar caros regisseurs, solistas y directores de orquesta internacionales, los sueldos de los músicos de orquesta, del coro y de los técnicos de escenario, de la escenografía y de los trajes requeridos para alcanzar el impresionante nivel de espectáculo que esperamos de una noche en la ópera.

No se puede negar que las producciones realizadas con estos elevados presupuestos son esenciales para mantener el calibre de ópera que existe en este país, pero hay un precio más alto que el del dinero que se debe pagar por este compromiso. La mayoría de los programas no puede ser completamente financiados con la venta de entradas y por ello el éxito de una temporada puede significar la diferencia entre la seguridad de financiamiento y la catástrofe financiera de una compañía de ópera. Las decisiones de programación de los directores artísticos deben ser entonces tomadas teniendo en cuenta las obligaciones financieras de la compañía y como consecuencia, esto se traduce en la programación cautelosa y conservadora de óperas conocidas que vemos año tras año.

Por supuesto que hay ejemplos de recientes puestas exitosas de ópera contemporánea en Australia que deberían ser motivo de celebración. La trilogía de Philip Glass de la Ópera Estatal de de Australia del Sur fue un raro ejemplo de una programación artística y valiente que dio frutos. Glass también fue de gran ayuda para el Festival de Brisbane, cuya producción de The Perfect American fue también muy exitosa y aclamada por la crítica. El compromiso de la Ópera de Victoria de poner en escena al menos una obra moderna en cada temporada está escrito en la constitución de la organización y desde su temporada inaugural en el 2006, 11 nuevas producciones fueron añadidas al repertorio.

La Ópera está lejos de morir en Australia, un impulso saludable todavía se puede sentir. Pero si ese pulso crece más débil en el futuro será la pasión, determinación y capacidad de recuperación de pequeñas compañías de ópera independientes, dispuestos a asumir riesgos que mantendrán el pulso del corazón de la ópera en Australia.

Mas información en

http://http://www.limelightmagazine.com.au/features/how-do-you-solve-problem-like-opera

 

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